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CONFLUENCIA E INFORMÁTICA o cómo fundirse con la tecnología |
Mi objetivo es explorar algo que me sucede y con lo que tengo dificultad. Por tanto, mi objetivo es en beneficio propio, como una forma de “limpiar” mi dependencia de la tecnología, en concreto de la informática, los ordenadores, la necesidad de estar al día en los componentes, los programas, las posibilidades de componer textos, retocar fotografías, dibujar, escuchar, modificar, cortar, pegar, componer, descomponer, realzar, ocultar...Mi punto de partida es equiparar confluencia con dependencia. En este caso, dependencia no de una persona, sino de una máquina. Descubrir de alguna manera qué es lo que vehiculizo a través de la máquina, qué partes de mí pongo en este instrumento, para qué me sirve, qué es lo que consigo a cambio. Es un camino personal, del que quizá pueda obtener algo más general.
Mi dificultad es la de definir, acotar, manejar el mecanismo de la confluencia. Un mecanismo en el que muchas veces me veo y otras me parece imposible que actúe con él. Un amor imposible, vamos, ni come ni me deja comer.
Según Francisco Peñarrubia, la confluencia «consiste en la pérdida de límites entre uno mismo y el entorno, fundiéndose con lo de afuera. El confluyente es el que se queda pegado, el que confunde identidad con unión, comulgando – sin diferenciación – con los sentimientos, ideologías y conductas del otro o de su grupo de referencia». Siguiendo a Perls, «la confluencia implica la no-existencia, el no darse cuenta de los límites».
Veo en estas afirmaciones dos niveles: por un lado, considerar la confluencia como un estado de indiferenciación con respecto al otro, como una simbiosis entre dos organismos, en el que uno — o los dos — depende por entero del otro. Por otro lado, también veo la confluencia como algo menos primario, menos esencial, en el sentido de muletas, apoyos de los que me sirvo para no exponerme, para evitar otras situaciones conflictivas, para integrarme en un colectivo de gente, para desarrollar capacidades de otro modo menos manifiestas (creatividad, por ejemplo).
Un momento importante es el paso que se produce, de manera imperceptible, entre servirme de una herramienta útil, que me ahorra tiempo y esfuerzo y que me permite hacer más cosas y/o hacerlas mejor, y el momento en que si se produce un apagón y no tengo mi dosis de pantalla con botoncillos siento un hormigueo en el estómago, una cierta desazón, incluso tengo la sensación de que me falta algo, una parte física de mí mismo.
¿Qué tiene este conjunto de circuitos y cables que me atrae tanto? Me pongo solemne. Necesito explicarme, justificarme, darme razones y razones para decirme que no es algo malo, que le sucede a más gente, que está bien visto socialmente, que es un medio de expresión con muchísimas ventajas... que todo el mundo tiene un contacto con los ordenadores, que son necesarios, importantes... pero, ¿por qué esa desazón cuando lo llevo a hacer una reparación y me dicen que tardarán una semana en ponerlo a punto? ¿qué es lo que pongo en esta máquina para que me resulte imprescindible, vital? Vuelvo al amor imposible, ¿o al amor perfecto? Salvo en contadas ocasiones es una herramienta que obedece mis órdenes, que hace lo que quiero hacer, incluso mejor de lo que yo puedo hacer algunas cosas, que enchufo y desenchufo cuando quiero, que no necesita fiestas ni horarios sobre la que, en teoría, yo tengo el control absoluto.
Según escribo lo anterior me doy cuenta de que hay una parte de mí que obtiene un gran beneficio de esta relación Yo-Ordenador, más bien que tiene la oportunidad de expresarse y manifestarse: dejo de ser alguien gris y puedo permitirme el lujo de ser creativo, ingenioso... puedo alterar y manejar los elementos... y puedo conseguir aprobación, elogios... incluso puedo destacar sin ruborizarme... «es que tengo una máquina muy buena»... «es cosa de la informática, de los programas...». es una forma de desresponsabilizarme, de poner la responsabilidad en otro punto, en otro lugar.